Asesinato en la Catedral perpetrado por clero, conservadores y carlistas

El gobernador de Burgos Isidoro Gutiérrez de Castro fue asesinado en la Catedral por una turba instigada por la Iglesia.

Isabel II ha sido expulsada, la llamada Revolución Gloriosa. El nuevo gobierno de corte liberal perseguía una sociedad laica y un menor poder por parte de la iglesia, con decretos que se hacían con todo su patrimonio y pasaba a propiedad del Estado.

Esta historia sucede un 25 de enero de 1869, hace justo 153 años, el gobernador de Burgos Isidoro Gutiérrez de Castro se dirige a la Catedral de Burgos para cumplir el decreto del Gobierno y hacer el inventario de los bienes de la Iglesia.

Para los sacerdotes a cargo de la Catedral, lo que se les viene encima con este nuevo decreto es otra desamortización de bienes. No parecía que los curas fueran a quedarse de brazos cruzados mientras el gobierno les despojaba de sus bienes.

El Gobernador atraviesa la Plaza de Santa María y se encuentra una multitud de personas convocadas por el clero para entorpecer la tarea encomendada. Isidro no se achanta, entra en el templo y ordena cerrar todas las puertas de la Catedral para evitar la entrada de la multitud.

Apenas había comenzado su labor, desde dentro se da la señal y se abren las puertas para que la masa convertida en turba irrumpa en la Catedral con extrema violencia.

Al grito de - ¡Nos quieren robar! ¡Viva la religión! ¡Muera el gobernador! ¡Viva Carlos VII!, carlistas y los sectores más conservadores de la sociedad de Burgos rodean al Gobernador, le sacan del archivo y lo arrastran por las naves del templo, le acuchillan e incluso le llegan a amputar las orejas y los genitales.

Los curas instan a la turba para sacar el cuerpo del gobernador fuera de la Catedral para ocultar el hecho de que ha sido asesinado dentro de la iglesia. Ya cadáver, lo sacan por la Puerta del Sarmental, lo arrastran hasta la plazuela contigua, donde lo abandonan. Los guardias civiles observan el linchamiento sin intervenir, el ejército se hace con el control de la situación, decretándose el Estado de Guerra en Burgos.

No hay dudas sobre la autoría de este crimen, un grupo de sacerdotes responsables del cabildo catedralicio. Se realizan 140 detenciones y la catedral es clausurada por orden del gobierno. Finalmente, solo un individuo es condenado a morir a garrote, pero le conmutan la pena por cadena perpetua. Tres años después es puesto en libertad.


La noticia tiene repercusión a nivel nacional e internacional apareciendo en numerosos medios. En Madrid se produce una manifestación multitudinaria ante la Nunciatura, con insultos al Papa, a la Iglesia y al clero, y vivas a la libertad de culto.

Así es como la iglesia frenó el decreto que amenazaba su patrimonio. Un asesinato brutal que quedó sin justicia.

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