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El Burgos alarga el sueño en Ponferrada

El Burgos, colosal pese a las bajas, obtiene un meritorio y trabajado triunfo en Ponferrada.

Con Elgezabal recuperado y Zabaco olvidando molestias, Calero introdujo a Borja en línea de centrales. Tres en la muralla; Areso y Fran García en los pasillos laterales. Navarro y Atienza gobernaban el ancho. Gaspar, Bermejo y Curro, lanzas en ataque.

El show estaba también en la grada. En el estadio blanquiazul solo se oía una voz: la de los 160 blanquinegros que eligieron viajar y pasar la previa de un día festivo dándole todo el calor a su equipo.

El Burgos salió bien plantado. Tratando de dibujar ataques, cortando las ganas de empujón inicial del cuadro local. Sin sufrir, apenas, hasta que Yuri, ese viejo rockero de bossa-nova inmortal, pudo adelantar al conjunto de David Gallego. A los 11 minutos, el delantero brasileño alquiló una baldosa en el área y reventó la pelota en un disparo durísimo. Ahí estaba, por fortuna, José Antonio Caro. El meta onubense salvó el gol con una manopla felina que desvió la bola contra el travesaño.

En el minuto 15, Amo vio la primera cartulina del partido tras una dura entrada sobre Curro Sánchez. Después, el partido se paró. Bien estudiados, ambos conjuntos se robaban planes. El equipo burgalés esperaba su oportunidad.

El plan estaba saliendo perfecto justo cuando Gaspar Campos adelantó a los de Calero con una definición magistral en el interior del área. El tanto, precioso por la combinación entre Curro, Bermejo y el asturiano, quedó invalidado por fuera de juego. Era el 26 de partido.

Pero es difícil frenar el ímpetu de un guaje rebelde, tocado con la varita del talento. No habían pasado ni 5 minutos cuando volvió a recibir un magnífico pase picado de Curro Sánchez. Como con ganas de recuperar el gol que le habían quitado, el chaval pinchó la pelota a la media vuelta, sentó a Paris Adot y marcó un golazo de tiro cruzado, con la izquierda. 0-1. Y la afición burgalesista recordándole a los suyos que jugaban en casa al grito de “que bote, que bote, que bote El Plantío”.

Sonrisa efímera. Hugo Vallejo empataba el duelo culminando una transición, antes del descanso.

Nada más salir de vestuarios, Bermejo pudo enganchar el segundo en una contra. Fue la antesala del segundo arreón berciano que el Burgos, de nuevo, supo aguantar.

En el 63, Calero quitó a Areso y Bermejo abriendo el regreso de Grego y la punta del ataque a la pantera Mourad. Borja pasaba al lateral derecho. La película cambió.

El Burgos empezó a dominar la pelota y acumular llegadas de muchísimo peligro. Fran García le puso una pelota franca a Atienza en el 65, pero el remate madrileño pegó en Amo en camino de gol.

No importó. Otra vez a bordo de la insistencia, Fran García recibió de Gaspar en el costado y lanzó un caramelo al área pequeña. Allí, con la potencia y la voracidad de una fiera salvaje, apareció Mourad para empalar la redonda al fondo de las mallas. Junto al fondo ocupado por la hinchada burgalesista, el delirio se desataba en una fotografía para el recuerdo. 1-2.

En el 80, Juan Artola entró por Gaspar y Valcarce, en su vuelta a casa, saltaba al verde de Ponferrada por un exhausto Curro Sánchez.

La Ponfe se lanzó a por el empate. Churripi tuvo que volar un par de veces para sacar alguna pelota área catapultada desde las bandas.

Los minutos se agotaban en el reloj. En el descuento, sobre el aclarado de Mourad, Valcarce pudo encumbrar su regreso con una vaselina que se escapó de la meta berciana.

En la segunda mitad del siglo XX, Europa se dividió en dos bloques por una frontera ideológica. A esa línea invisible trazada por la Guerra Fría se le llamó telón de acero. Al filo de una madrugada fría en Ponferrada, tras el telón de una nueva jornada que se acaba, el Burgos volvió a demostrar que, pase lo que pase, ladre quien ladre y digan lo que digan, es de acero.

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