La quema de estiércol clave para entender la conservación de materiales en El Mirador

El CENIEH participa en un estudio liderado por el IPHES, llevado a cabo en este yacimiento de la Sierra de Atapuerca (Burgos), que demuestra que los procesos de quema de estiércol en contextos de cuevas redil producen un importante impacto en la composición y fosilización de los restos óseos arqueológicos.

El investigador Abel Moclán, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) participa en un estudio liderado por Héctor Del Valle del IPHES-CERCA, y publicado en la revista Journal of Archaeological Science, que demuestra que los procesos de quema de estiércol en contextos de cuevas redil producen un importante impacto en la composición y fosilización de los restos óseos arqueológicos, lo que ha resultado clave para entender la conservación de los materiales en el yacimiento de la Cueva de El Mirador (Sierra de Atapuerca, Burgos).

Este yacimiento se excava desde 1999 y ha proporcionado una secuencia con niveles pleistocenos y holocenos, siendo imprescindible para comprender especialmente los inicios de la incorporación de las prácticas agrícolas y ganaderas en la Meseta. Este artículo representa el primer trabajo sobre diagénesis del hueso en fumiers en El Mirador, aportando importantes conclusiones sobre la formación de este tipo de secuencias, resultado de las actividades ganaderas en cuevas utilizadas como rediles desde el Neolítico.

Según Del Valle, “del estudio se desprende que el contexto sedimentario de cada facies de fumier desencadena características propias en la composición de los restos óseos, pudiendo conocer la procedencia de los huesos en base a dichas[AMR1] características”. Así, es posible seleccionar las facies con mejor preservación y, por tanto, con mayor viabilidad para la obtención de datos de origen bioquímico como proteínas o isótopos.

Durante más de 4.000 años la cueva fue utilizada como lugar de hábitat, como lugar funerario y como cueva redil para estabulación de ganado. Esta última actividad generó un depósito sedimentario compuesto por estiércol de ganado, restos de plantas y residuos de las ocupaciones humanas. Para desparasitar y limpiar los espacios, estos depósitos se quemaban, dando como resultado una serie de capas (facies) quemadas y no quemadas que conforman un fumier, siendo el de El Mirador uno de los más amplios y mejor conservados en su periodo.

Estos depósitos constituyen una fuente de información de alta calidad y elevada resolución temporal, para conocer los detalles de la expansión y del desarrollo de las economías productoras prehistóricas, agrícolas y ganaderas, a través del Mediterráneo, desde su zona de origen en Oriente Próximo hasta la Península Ibérica.

Nuevas técnicas y métodos

El estudio demuestra que, a través de la técnica ATR-FTIR, y a pesar de la buena apariencia externa, los restos óseos deben ser evaluados para conocer su preservación a nivel molecular. De este modo, se pueden elegir las muestras con la mejor preservación de sus componentes para otros análisis.

Otro aporte del trabajo, es el uso de nuevos métodos estadísticos como la Inteligencia Artificial. Este análisis ha permitido clasificar la procedencia de los restos óseos de las distintas facies, destacando que los huesos adquieren propiedades diferentes en relación al contenido de carbonatos. Esto es especialmente interesante en el caso de las facies no quemadas y reelaboradas al permitir diferenciar huesos no quemados que se asemejan en su aspecto.

En resumen, el trabajo ha aportado datos sobre la formación de fumiers, el impacto del fuego sobre los huesos y las características que adquieren en cada facies. Unos resultados que podrán aplicarse a otros conjuntos neolíticos de la cuenca mediterránea con secuencias de fumier.

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